Foto:
latteda
/ Flickr, bajo licencia Creative Commons
Todos los que hemos tenido perro alguna vez conocemos perfectamente esa mirada. Llegamos a casa, descubrimos un “regalito” en la alfombra o una zapatilla mordisqueada y nuestro perro aparece con la perfecta cara de saber que ha hecho algo mal, solo que no es así.
Esa perfecta mirada de culpabilidad en los ojos de nuestro amigo canino no es culpabilidad, sino miedo. El dato lo ofrece el estudio más reciente de la doctora Alexandra Horowitz, una auténtica especialista en procesos cognitivos de los perros.
En
“Desambiguación de la mirada de culpabilidad: claves de un comportamiento habitual del perro”
Horowitz concluye que esa mirada tan cómica y enternecedora tiene más que ver con el miedo a nuestra riña que con lo que los seres humanos entendemos por culpabilidad.
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Parece poco probable que los perros piensen de la misma forma que nosotros. Sus cerebros son realmente diferentes a los nuestros aunque tengan también muchas semejanzas. Hay algunos trabajos que muestran que los animales son capaces de recordar algunos sucesos de su pasado así como de planear otros en el futuro, pero aún no hay mucha evidencia sobre ello en perros.
La cuestión es que sentir culpabilidad implica pensar en un suceso del pasado y decidir que hemos actuado de manera incorrecta. Para ello no solo hace falta pensar en términos de lenguaje, sino hacerlo a un nivel de abstracción que los perros probablemente no tienen.
¿Por qué nos parece entonces que es una mirada de culpabilidad? Horowitz explica que es un caso más de cómo los seres humanos tendemos a atribuir cualidades humanas a nuestras mascotas. Esta antropomorfización no es solo una cuestión de cariño. Necesitamos hacerla. Cuando un perro llega a un hogar, hay muchos de sus comportamientos que no entendemos. Expresar esos comportamientos en términos de lenguaje humano nos ayuda a interpretar las acciones el animal y predecir su comportamiento, algo que es crucial también para educarlo. [
NCBI
vía
Business Insider
]
Cómprate un Golden Retriever que son ideales para niños
o
Nada como un Rottweiler para cuidar la casa.
Seguro que hayas escuchado alguna de estas frases antes, pero ¿realmente son tan diferentes unas razas de perro de otras? Las diferencias están más en cómo percibimos cada raza que en la realidad.
La moda de cruzar perros con fines puramente estéticos para exhibirlos en concursos comenzó a despuntar entre la aristocracia británica a finales del Siglo XIX. El club canino del Reino Unido, que es el más antiguo del mundo, decidió establecer
diferentes categorías
de perros, y para ello recurrió al uso que cada raza tenía en el mundo real en aquella época. Las siete categorías resultantes fueron:
Perros de caza
: son las razas usadas para recuperar patos y otras aves de caza.
Sabuesos
: perros rastreadores para labores de caza mayor.
Perros pastores
: Usados principalmente para cuidar rebaños de ovejas
Terriers
: los terrier eran perros fieros destinados tradicionalmente a cazar plagas pequeñas como ratas o comadrejas.
Perros de juguete
: referido a los pequeños perros de compañía.
Perros de trabajo
: se refiere a las razas de perros grandes que habitualmente se usan para guardar propiedades
Perros de utilidad
: este último grupo es un cajón de sastre en el que los clubes meten las razas que no encajan por completo en ninguna de las anteriores.
Esta denominación se ha mantenido hoy en día como referencia y se usa, con matices según el país, en clubes de cría de perros en todo el mundo. La cuestión es que la clasificación se sigue usando pese a que, en la mayoría de los casos, los perros ya no se usan para su propósito original. Cada grupo está asociado a una serie de cualidades específicas. Los perros de caza, por ejemplo, son los más despiertos y atentos, los pastores están considerados más inteligentes, y los de trabajo se tienen por valientes y fieros.
A principios de la década de los 50 un pequeño grupo de personas pudo contemplar la monstruosidad. Tras tres horas de operación, el pastor alemán por fin empezaba a parpadear. Una hora más tarde, el adorable perro podía mover la cabeza. Al día siguiente el doctor Demikhov se sintió una deidad. El perro no sólo podía moverse, la segunda cabeza de un cachorro cosida en el lomo del pastor alemán comenzaba a recuperar su fuerza y mordisqueaba con fuerza a uno de los ayudantes del doctor. Fue una época donde los rusos llevaron la delantera al mundo entero en materia de trasplantes y cirugía… algo
diferente
.
Spoiler
. Debido a que las imágenes, vídeos y el texto pueden herir sensibilidades, avisamos: vamos a hablar de una parte importante de la historia de la medicina donde se experimentó con perros. Se trata de los primeros intentos del hombre por trasladar a la realidad la obra de Mary Shelley, de convertirse en aprendices de
Victor Frankenstein,
quizá
por el bien de la ciencia médica. Los hechos representaron avances importantísimos en el campo de la cirugía moderna, por el contrario, el debate sobre la ética para conseguir los objetivos debido a la crueldad o sadismo de las intervenciones aún hoy se pone en tela de juicio.
Perros, rusos y ciencia
Los perros de Demikhov en el museo de biología de Moscú. AP Images
De hecho, si uno se encuentra en Moscú y acude al
State Museum of Biology
, seguramente pasará por la vitrina dedicada a este momento de la historia de la medicina. También es muy posible que al pasar nuestra mente intente olvidar lo que acaba de ver sin darle una segunda oportunidad. Y es que a primera vista uno no sabe si lo que está observando es una broma de mal gusto o un monstruo, una deformidad producida por la madre naturaleza.
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Allí se encuentra una reproducción de la obra de
Demikhov
, un pastor alemán con la mitad de un cuerpo de cachorro cosido al cuerpo del perro adulto. Demikhov presentó su trabajo a la Asociación Quirúrgica de Moscú el 26 de febrero de 1954. Pero varios años antes habría otro hombre que se conectaría de manera irremediable con la obra del científico ruso.
Hablamos de
Sergei S. Bryukhonenko
, científico soviético durante la era estalinista cuyo trabajo fue fundamental para el desarrollo de las operaciones de corazón abierto en Rusia, y más adelante en el avance de la biología y la ciencia en el mundo. Entre medias, una carrera y trabajos científicos marcados por la polémica de sus propios logros.
Bryukhonenko y el
autojector
Experimento con el autojector. Russian Academy of Medical Sciences
El hombre sería recordado por los trabajos que llevó a cabo a partir de 1920 y especialmente por eso que denominó como
autojector
, un dispositivo (especie de corazón y sistema de circulación extracorporal) capaz de ofrecer todo lo necesario para mantener con vida una cabeza. Pero antes de llegar a ese momento habría que retroceder unos años.
El científico ya era reconocido entonces como un investigador respetado por sus ideas influyentes acerca de la transfusión de sangre. No contento con ello, Bryukhonenko no se ponía límites de ningún tipo, ni éticos ni morales; quería llegar hasta los límites de lo posible y en ese momento tenía entre manos una investigación inaudita e inquietante: la posibilidad de sostener vida a través de medios artificiales.
Se sabe que en esta época experimentó de puertas para adentro en el pequeño laboratorio que tenía en su casa. Allí dio rienda suelta a todo tipo de extraños avances, de hecho, los registros de quienes fueron sus ayudantes narraban un escenario cotidiano marcado por la concentración de cabezas sin cuerpos y cadáveres de animales disecados.
Y fue aquí, entre experimentos, cuando Bryukhonenko logra crear el dispositivo por el que fue conocido. La primera máquina corazón-pulmón completamente funcional del mundo: el
autojector
. Como decíamos al comienzo, se trataba de un dispositivo capaz de proporcionar al cuerpo sangre oxigenada que de otra manera sería imposible. ¿Para qué? El científico explicaba que el dispositivo podría usarse en una gran variedad de situaciones y en la cirugía, por ejemplo, para un trasplante de corazón o
bypass
. Un corazón que late es extremadamente difícil de operar, por lo que el
autojector
sería capaz de mantener con vida a un paciente mientras se realiza una cirugía cardíaca invasiva.
Autojector. Wikimedia Commons
Los años siguientes los pasó perfeccionando su máquina hasta 1925, momento en el que el
autojector
lleva a cabo su primera demostración pública. Lo que se podía apreciar en aquel momento era una máquina que consistía en una serie de bombas automáticas, un depósito para el almacenamiento de sangre y dos tubos con los que inyectar y extraer la sangre. Desde luego y como vemos en la imagen, bajo los estándares actuales puede parecer toda una osadía, un elemento rudimentario y peligroso, pero lo cierto es que fue todo un éxito.
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La proeza en el funcionamiento del
autojector
llevó al hombre a un nuevo salto sin red. En este caso mucho más inquietante. Bryukhonenko pensó, ¿y si utilizo a los perros como medio de pruebas para separar organismos? A partir de entonces comenzó una escalada de trabajos donde iba liberando órganos caninos de los cuerpos.
De entre los primeros logros del equipo del científico encontramos que pudieron mantener un corazón latiendo y un pulmón funcionando de manera independiente de sus cuerpos. Si alguien accedía en aquellos días al laboratorio debía acudir con la barriga vacía, allí podía encontrarse con las primeras cabezas cortadas conscientes, aunque eso sí, por períodos muy pequeños. También había alcanzado otro logro según los presentes, Bryukhonenko fue capaz de traer a los perros “de vuelta” de la muerte.
Todo esto sería muy difícil de creer en aquella época si no fuera por la aparición en 1940 de uno de los documentales más perturbadores y sorprendentes de la historia de la ciencia y la medicina. Bajo el título de
Experiments in the Revival of Organisms
el vídeo que mostramos a continuación (cuidado, puede herir sensibilidades) fue la prueba del trabajo de Bryukhonenko y su
autojector
. Lo primero que se puede apreciar en la pieza es cómo los investigadores lograron reanimar un corazón. Aunque quizás el momento más inquietante surge con la presentación de la “cabeza de perro”.
Las imágenes muestran a los investigadores colocando la cabeza de un perro recién cortada sobre una mesa. Se aprecia como el perro se mantiene conectado al suministro de aire y sangre. Finalmente y como prueba del éxito del experimento, podemos observar como se pone a prueba la cabeza con una serie de estímulos para demostrar que, efectivamente, la cabeza está en pleno control de sus facultades. De inquietante pasamos a macabro para expresar el sentimiento que a uno le corre por el cuerpo cuando ve como la cabeza (y solo la cabeza) es capaz de ajustar las pupilas, mover la boca o incluso tragarse un caramelo o lamerse el hocico.
Pero Bryukhonenko no termina aquí. Una última “sorpresa”, un
one more thing
con el que nos muestra la resurrección del perro (el animal desangrado). ¿Cómo? A través de un proceso donde se implica el drenado de la sangre del perro vivo para luego dejarlo desangrarse durante unos 10 minutos. Tras su eventual muerte observamos como los investigadores muestran que el cuerpo no responde a estímulos. Luego uno de los ayudantes del científico conecta al perro al
autojector
(a las arterias y venas), bombea la sangre que le han extraído, y espera un breve período de tiempo para que el corazón comience a funcionar otra vez.
El vídeo se publicó por primera vez en 1943 durante una presentación ante una reunión con científicos norteamericanos en el hotel Waldorf Astoria (Nueva York). Se trataba de una producción que buscaba impresionar al mundo sobre los avances soviéticos. De esta forma y tras ese momento cumbre con la resurrección del perro, el narrador de la pieza explicaba que todos los perros que habían pasado por la terrible experiencia del experimento del científico, luego habían disfrutado de una vida plena y normal.
Llegados a este punto surge la gran pregunta. ¿Qué hay de cierto y qué hay de falso en todo esto? El consenso general es que el vídeo tenía una clara intensión propagandística sobre los logros científicos y médicos de los soviéticos. Obviamente, para los detractores se trata de una pura y simple falsificación. Pero lo cierto también es que a día de hoy, nadie es capaz de probar con autoridad que muchas de las cosas que vemos en el vídeo no sean ciertas. Los ángulos de cámara son ajustados con el agravante de que cambian con frecuencia, aunque la cámara no se mueve. Parece estar realizado con la intención de resistirse al escrutinio científico.
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Cuando el vídeo vio la luz el mismo New York Times escribía sobre el mismo en los siguientes términos: “
la comunidad científica piensa que tras este experimento se podrían remover muchas supuestas imposibilidades biológicas y traerlas al reino de lo posible
”.
Fotograma de la película de Bryukhonenko con la cabeza de perro. Wikimedia Commons
En cualquier caso y con el paso del tiempo la comunidad científica ha ofrecido detalles ante lo que se pudo ver en los años 40. La cabeza cortada solo sobrevivió unos minutos bajo la circulación artificial, y no “unas horas” como se aseguraba en el fragmento original. De la misma forma, los perros “resucitados” salían del experimento con el cerebro dañado y por lo general no vivían más de unos pocos días (en el vídeo se aseguraba que pasaron a una vida normal y plena).
Y aún así, el trabajo de Bryukhonenko (por el que le concedieron un
premio Lenin
) fue tan grande que cualquier teoría debe ser sopesada contra el hecho irrefutable de que su investigación contribuyó directamente a grandes, enormes avances en el campo de los soportes de vida artificiales o el trasplante de órganos. Si obviamos de la ecuación la crueldad y sadismos de las imágenes o la propia ética del trabajo, el científico fue el artífice y precursor de que hoy existan en los hospitales muchas de las máquinas que nos mantienen vivos durante los trasplantes de órganos vitales.
Y entonces llegó Demikhov
Última perro trasplantado por Demikhov en 1959. Wikimedia Commons
Bryukhonenko fue sin ninguna duda el precursor y “maestro” en esta carrera rusa que vivieron por acercarse al mismísimo personaje de
Victor Frankenstein
. Tras él llegó Demikhov, el científico con el que iniciábamos el relato. El hombre subió la apuesta de Bryukhonenko. No le era suficiente con una cabeza del
mejor amigo del hombre
, el tipo decide probar con dos.
Así fue como
presentó
su trabajo en 1954 (pastor alemán + la mitad del tronco de un cachorro cosida a su cuerpo). Ocho años antes el científico había llevado a cabo una operación de trasplante de corazón en los perros y posteriormente trasplantes de pulmón.
Demikhov con una de sus creaciones. ITAR-TASS / P. Khorenko; Juzef Mosenzhnik
La operación con las dos cabezas de perros se trataba del primer trasplante del mundo que involucraba a todo un sistema que comprendía diferentes órganos, tal y como afirmaba el mismo Demikhov. El científico explicó que se trataba de un procedimiento de tres horas donde se cortaba el cuerpo de un cachorro en dos (entre la quinta y la sexta costilla) y vinculaba sus arterias y venas a las de un pastor alemán para finalmente colocar y coser en el lomo del perro adulto la cabeza del cachorro. Para ello dejó abierta su tráquea junto al esófago, de esta forma, el suministro de sangre al cachorro se mantenía a través del sistema circulatorio del perro adulto.
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A las tres horas de la macabra operación, el pastor alemán ofrecía las primeras señales de vida. Horas después lo hacía la segunda cabeza que ahora le habían “integrado”. La lamentable monstruosidad murió de una infección después de seis días. Aún así, Demikhov no dejó que este pequeño “contratiempo” le detuviera en su carrera. Durante los dos años siguientes llevó a cabo un mínimo de 20 operaciones de este tipo. Incluso en un caso cruzó todas las barreras éticas (si no lo había hecho ya) con el trasplante de la cabeza de un perro joven sobre el cuerpo de su propia madre. El
récord
de supervivencia entre sus “creaciones” lo marcó en 1959 con 29 días.
Aunque la gran mayoría de sus creaciones con dos cabezas perecían al poco tiempo por el rechazo de los tejidos, el trabajo de Demikhov, al igual que el de Bryukhonenko, se adelantó en su tiempo a lo que iban a ser los trasplantes de corazón. En 1962 publicó su monografía
Trasplantes experimentales de órganos vitales
, la primera en el mundo sobre trasplantología y la única durante mucho tiempo en el area de los trasplantes de tejidos y órganos.
En cuanto a la veracidad entre el trabajo de Demikhov y el de Bryukhonenko, el primero guardó toda una serie de fotografías y vídeos convincentes con los que siempre apoyó su afirmaciones científicas. Además, las imágenes de “sus” perros de dos cabezas solían estar filmadas en lugares públicos, con gente anónima que aseguraban su legitimidad.
Sea como fuere, tras los rusos, la “moda” de experimentar con perros cruzó el Atlántico para llegar a Estados Unidos, aunque eso ya es otra historia. Lo cierto es que hoy, con la cantidad de organizaciones y grupos de derechos de los animales que existen, parece extremadamente difícil pensar que este tipo de experimentos se llevaran a cabo. Una época del pasado donde se toleraban experimentos éticamente ambiguos por una serie de “locos” que paradójicamente supusieron un gran avance en el mundo de la medicina. Tanto, que incluso hoy el debate sigue intacto, ¿cuantas vidas se perderán para descubrir nuevos e importantes avances científicos?
Los perros son capaces de distinguir entre palabras e interpretar su entonación, según un estudio publicado en
Science
. Un equipo de científicos húngaros realizó escáneres cerebrales en perros para descubrir que su comprensión del habla se parece mucho a la nuestra —y saben cuándo un halago es realmente sincero.
Al igual que los humanos, los perros utilizan el hemisferio izquierdo del cerebro para comprender el significado de las palabras, y el derecho para procesar la entonación (es decir, la manera en la que modulamos la voz para darle un sentido a lo que decimos o reflejar una emoción). Así, para ellos no es lo mismo escuchar “buen chico” en un tono neutro —aunque lo entiendan— que “¡buen chico!”, con sinceridad y entusiasmo en nuestras voces.
Para llegar a esta conclusión, los investigadores contaron con la ayuda de 13 perros de diferentes razas que aprendieron a mantenerse inmóviles en un escáner de resonancia magnética mientras su entrenador les hablaba. Los científicos medían la actividad cerebral mientras los perros escuchaban halagos en entonación sincera o neutral, así como palabras sin sentido para ellos en la entonación de un halago y después en una entonación neutral.
Los perros reconocían cada palabra como algo distinto, independientemente de la entonación, empleando el hemisferio izquierdo del cerebro. El área derecha del cerebro se activaba para interpretar las diferentes entonaciones. Y su centro de recompensa se encendía únicamente cuando las palabras de halago se correspondían con la entonación propia de un halago.
“Los perros no solo diferencian lo que decimos de cómo lo decimos, sino que también pueden combinar las dos cosas para una correcta interpretación de lo que realmente significan esas palabras”, explica Attila Andics, autor principal del estudio e investigador de etología en la Universidad Eötvös Loránd de Budapest. “El proceso es muy similar al de los humanos”.
Si además en el entorno del perro está muy presente el habla humana, pueden emerger en su cerebro representaciones del significado de las palabras. Esto sugiere que los mecanismos neuronales para entender el habla evolucionaron mucho antes de lo que creíamos, y que no son exclusivos del cerebro de los primates. “La única capacidad exclusiva de los humanos es inventar nuevas palabras”, concluye Andics. [
New York Times
]
Hay dos tipos de personas: las que llegan a casa, cogen al perro en brazos y se dan un baño de lengüetazos nerviosos (el momento más feliz del día); y las que no pueden soportar este GIF. La ciencia da la razón al segundo tipo. Por qué los perros nos lamen la cara, y por qué deberíamos evitarlo.
Según el doctor
Leni K. Kaplan
, del Colegio de Medicina Veterinaria de la Universidad de Cornell, lamerse es una de las maneras que tienen los perros de comunicarse entre ellos. Nuestro mejor amigo se orienta por el olfato y es posible que encuentre en la cara de su dueño un olor o un sabor familiar que lo reconforta. Además es su forma de llamar la atención.
Pero la boca de los perros está plagada de bacterias, así que cuando su saliva entra en contacto con nuestra propia boca, nuestra nariz o nuestros ojos, nos estamos exponiendo a un riesgo de infección. Podría contagiarnos
patógenos zoonóticos
, aquellos que se transmiten de animales al hombre, como las bacterias
Clostridium
,
E. coli
,
Salmonella
y
Campylobacter
.
Ocurre lo mismo si lamen nuestras manos y después nos tocamos la cara. El contacto con la piel, en cambio, supone un riesgo bajo ya que ésta no absorbe las bacterias. Eso sí, las personas con un sistema inmune vulnerable deberían evitar recibir cualquier lametón de su perro.
Existe el mito de que la boca de los perros es más limpia que la de los seres humanos porque, cuando lamen sus heridas, pueden acelerar el proceso de curación. En realidad los perros se pasan la vida olisqueando heces, lo que nos da una buena pista de por qué debemos evitar que nos llenen la boca de babas. No se sentirá menos querido por negarle un beso. [
Business Insider
]