Eclipse penumbral de Luna de enero de 1999. Imagen: Wikimedia Commons
La luna llena de febrero coincidirá esta noche con un eclipse lunar que va a verse desde buena parte del mundo. Se trata de un eclipse penumbral, lo que quiere decir que el satélite no se oscurecerá tanto como en los eclipses totales o parciales, pero quedará notablemente oscurecido por la Tierra.
Como sabes, de vez en cuando la órbita de la Luna coincide con la nuestra de forma que le bloqueamos la luz del Sol. O dicho de otra manera, la Luna se adentra en la sombra de la Tierra y vemos cómo se oscurece parte de su superficie. Pero la Tierra proyecta dos tipos de sombras: la umbra, que es una sombra cónica y oscura; y la penumbra, que es más ancha y menos oscura. Esto se debe a que el Sol es un disco en el cielo, y no un punto.
Cuando la Luna coincide con la penumbra de la Tierra, hablamos de un eclipse penumbral. Sin embargo, debido a la inclinación de la órbita, a veces solo se oscurece una pequeña parte del satélite y no llegamos a notarlo. En este caso, la Luna se introducirá por completo en la penumbra, así que presenciaremos un eclipse penumbral total que oscurecerá toda su cara observable. Si estuviéramos en la Luna, veríamos un eclipse parcial de Sol.
Gran parte del mundo podrá ver el eclipse penumbral, pero solo Europa, África, Oriente Medio y la parte más oriental de América asistirán al espectáculo completo. La mayor parte de América verá la Luna a partir de una etapa avanzada del eclipse penumbral. El eclipse comenzará a las 22:34 UTC y su máximo se producirá a las 0:44 UTC. La Luna volverá a quedar iluminada a partir de las 2:53 UTC. En otros husos horarios:
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Madrid: 23:34 / 1:44 / 3:53
Nueva York: 17:34 / 19:44 / 21:53
Ciudad de México: 16:34 / 18:44 / 20:53
Buenos Aires: 19:34 / 21:44 / 23:53
Estamos de enhorabuena porque la luna llena y el eclipse penumbral total coincidirán además con el paso de un cometa a tan sólo 12,5 millones de kilómetros de la Tierra. 45P/Honda-Mrkos-Pajdusaková ha vuelto a ser visible esta semana con prismáticos o incluso a simple vista por la noche. Para localizarlo, mira hacia la constelación de Hércules. [
Bad Astronomy
]
Es curioso, la Luna es el único satélite natural de la Tierra y probablemente sea el compañero más cercano que tenemos en la inmensidad del Universo. Sin embargo, y después de siglos de hipótesis, seguimos sin saber cómo se formó. Tendría gracia que la primera explosión nuclear del hombre
tuviera la clave
.
O quizás no. Hubo un tiempo en el que la conexión entre la Luna y la energía nuclear estuvo a punto de explotar en el sentido literal de la palabra. Se llamaba
Proyecto A119
y llegó a tener un borrador. Estados Unidos pensaba detonar una bomba nuclear con el único y bochornoso propósito de elevar la moral del pueblo en el contexto de la Guerra Fría.
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Lo cierto es que aquello no pasó de una idea macabra, pero las pruebas nucleares que llevamos a cabo en nuestro propio planeta sí que podrían arrojar algo de luz sobre el nacimiento del satélite. En la búsqueda de evidencias empíricas que pudieran aclarar sin un atisbo de duda cómo ocurrió, los investigadores
acaban de dar
con algo completamente inesperado: las condiciones creadas por la primera detonación de una bomba nuclear son notablemente similares a la química violenta que formó nuestra Luna.
La teoría del planeta Theia
Teoría de la gran explosión. Wikimedia Commons
Durante décadas la
principal hipótesis
para la formación de la Luna era que nuestro satélite fue el resultado de una colisión catastrófica entre la Tierra y un hipotético planeta del tamaño de Marte denominado
Theia
. Se trata de un escenario sobre el que muchos científicos podrían estar de acuerdo. El problema es que no hay manera de contrastarlo y por tanto sigue siendo una hipótesis.
Con
Theia
surgía un problema. Se cree que dicho planeta se habría estrellado con la Tierra y que como resultado las piezas diminutas resultantes del mismo formaron la Luna. Ocurre que jamás hemos encontrado una evidencia clara de la existencia de Theia. Sin embargo, si tuviéramos una pequeña prueba de que aquella explosión se dio, ya sería un gran comienzo.
¿Cómo averiguarlo? Los científicos llevan décadas intentando encontrar evidencias de los productos químicos orgánicos con puntos de ebullición muy bajos que se habrían evaporado de la Luna temprana como resultado de la colisión. Esta suposición se basa en el hecho de que las rocas lunares tienen un nivel muy bajo de agua o zinc, mientras que en la Tierra tenemos en abundancia.
Y es aquí cuando surgía la pregunta sin respuesta: ¿cómo demonios podemos emular una explosión lo suficiente poderosa como para demostrarlo?
La respuesta la teníamos en “casa”, o al menos ese es el punto de partido
del estudio
realizado por
Scripps Institution of Oceanography
de la Universidad de California. Según el mismo, tenemos un vaso radioactivo de décadas de antigüedad cubriendo el suelo del planeta. Ocurrió después de la primera prueba nuclear y podría servir para, por fin, lanzar una teoría que ligue con
Theia
sobre la formación de la Luna hace 4.500 millones de años.
Trinity
podría tener la llave de la Luna temprana
Trasladando Trinity en Nuevo Mexico. Wikimedia Commons
En el estudio presentado estos días por el profesor James Day y su equipo afirman haber examinado la composición química del zinc y otros elementos volátiles contenidos en
trinitite
, material radioactivo formado bajo las extremas temperaturas que resultaron de la explosión de la bomba de plutonio de 1945:
Trinity
.
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Las muestras de prueba analizadas se recogieron en un radio de entre 10 metros y 250 metros desde el punto cero en el lugar de las pruebas de
Trinity
en Nuevo México. Cuando se comparó con muestras recogidas más lejos, el vidrio más cercano al sitio de detonación se agotó en elementos volátiles tales como el zinc. El zinc que estaba presente se enriqueció de los isótopos más pesados y menos reactivos, que vienen a ser formas de estos elementos con diferente masa atómica, aunque con las mismas propiedades químicas.
Los investigadores cuentan que el zinc y otros elementos, todos capaces de evaporarse en altas temperaturas, se habían “secado” cerca de la explosión en comparación con los más alejados. Según explica Day:
Los resultados muestran que la evaporación a altas temperaturas, similar a la que se produce al comienzo de la formación del planeta, conduce a la pérdida de elementos volátiles y al enriquecimiento en isótopos pesados sobre los materiales del evento. Esta ha sido la sabiduría convencional, pero ahora tenemos evidencia experimental para demostrarlo.
El estudio de Day proporciona nuevas pruebas para apoyar la “
teoría del gran impacto
”, nunca antes se había llegado tan lejos sobre la hipótesis de la gran colisión. Un estudio que verifica que los elementos volátiles experimentan las mismas reacciones químicas durante eventos extremos tanto en la temperatura como en la presión, y sobre todo, tanto en la Tierra como en el espacio.
Queda mucho aún, entre otras cosas una prueba de la existencia de
Theia
, pero parece que esa colisión existió. Quien lo iba a decir, Trinity podría ser la llave que nos diga de una vez por todas cómo nació nuestra Luna. [
Science Advances
vía
Phys
]
Es curioso, la Luna es el único satélite natural de la Tierra y probablemente sea el compañero más cercano que tenemos en la inmensidad del Universo. Sin embargo, y después de siglos de hipótesis, seguimos sin saber cómo se formó. Tendría gracia que la primera explosión nuclear del hombre
tuviera la clave
.
O quizás no. Hubo un tiempo en el que la conexión entre la Luna y la energía nuclear estuvo a punto de explotar en el sentido literal de la palabra. Se llamaba
Proyecto A119
y llegó a tener un borrador. Estados Unidos pensaba detonar una bomba nuclear con el único y bochornoso propósito de elevar la moral del pueblo en el contexto de la Guerra Fría.
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Lo cierto es que aquello no pasó de una idea macabra, pero las pruebas nucleares que llevamos a cabo en nuestro propio planeta sí que podrían arrojar algo de luz sobre el nacimiento del satélite. En la búsqueda de evidencias empíricas que pudieran aclarar sin un atisbo de duda cómo ocurrió, los investigadores
acaban de dar
con algo completamente inesperado: las condiciones creadas por la primera detonación de una bomba nuclear son notablemente similares a la química violenta que formó nuestra Luna.
La teoría del planeta Theia
Teoría de la gran explosión. Wikimedia Commons
Durante décadas la
principal hipótesis
para la formación de la Luna era que nuestro satélite fue el resultado de una colisión catastrófica entre la Tierra y un hipotético planeta del tamaño de Marte denominado
Theia
. Se trata de un escenario sobre el que muchos científicos podrían estar de acuerdo. El problema es que no hay manera de contrastarlo y por tanto sigue siendo una hipótesis.
Con
Theia
surgía un problema. Se cree que dicho planeta se habría estrellado con la Tierra y que como resultado las piezas diminutas resultantes del mismo formaron la Luna. Ocurre que jamás hemos encontrado una evidencia clara de la existencia de Theia. Sin embargo, si tuviéramos una pequeña prueba de que aquella explosión se dio, ya sería un gran comienzo.
¿Cómo averiguarlo? Los científicos llevan décadas intentando encontrar evidencias de los productos químicos orgánicos con puntos de ebullición muy bajos que se habrían evaporado de la Luna temprana como resultado de la colisión. Esta suposición se basa en el hecho de que las rocas lunares tienen un nivel muy bajo de agua o zinc, mientras que en la Tierra tenemos en abundancia.
Y es aquí cuando surgía la pregunta sin respuesta: ¿cómo demonios podemos emular una explosión lo suficiente poderosa como para demostrarlo?
La respuesta la teníamos en “casa”, o al menos ese es el punto de partido
del estudio
realizado por
Scripps Institution of Oceanography
de la Universidad de California. Según el mismo, tenemos un vaso radioactivo de décadas de antigüedad cubriendo el suelo del planeta. Ocurrió después de la primera prueba nuclear y podría servir para, por fin, lanzar una teoría que ligue con
Theia
sobre la formación de la Luna hace 4.500 millones de años.
Trinity
podría tener la llave de la Luna temprana
Trasladando Trinity en Nuevo Mexico. Wikimedia Commons
En el estudio presentado estos días por el profesor James Day y su equipo afirman haber examinado la composición química del zinc y otros elementos volátiles contenidos en
trinitite
, material radioactivo formado bajo las extremas temperaturas que resultaron de la explosión de la bomba de plutonio de 1945:
Trinity
.
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Las muestras de prueba analizadas se recogieron en un radio de entre 10 metros y 250 metros desde el punto cero en el lugar de las pruebas de
Trinity
en Nuevo México. Cuando se comparó con muestras recogidas más lejos, el vidrio más cercano al sitio de detonación se agotó en elementos volátiles tales como el zinc. El zinc que estaba presente se enriqueció de los isótopos más pesados y menos reactivos, que vienen a ser formas de estos elementos con diferente masa atómica, aunque con las mismas propiedades químicas.
Los investigadores cuentan que el zinc y otros elementos, todos capaces de evaporarse en altas temperaturas, se habían “secado” cerca de la explosión en comparación con los más alejados. Según explica Day:
Los resultados muestran que la evaporación a altas temperaturas, similar a la que se produce al comienzo de la formación del planeta, conduce a la pérdida de elementos volátiles y al enriquecimiento en isótopos pesados sobre los materiales del evento. Esta ha sido la sabiduría convencional, pero ahora tenemos evidencia experimental para demostrarlo.
El estudio de Day proporciona nuevas pruebas para apoyar la “
teoría del gran impacto
”, nunca antes se había llegado tan lejos sobre la hipótesis de la gran colisión. Un estudio que verifica que los elementos volátiles experimentan las mismas reacciones químicas durante eventos extremos tanto en la temperatura como en la presión, y sobre todo, tanto en la Tierra como en el espacio.
Queda mucho aún, entre otras cosas una prueba de la existencia de
Theia
, pero parece que esa colisión existió. Quien lo iba a decir, Trinity podría ser la llave que nos diga de una vez por todas cómo nació nuestra Luna. [
Science Advances
vía
Phys
]
Es curioso, la Luna es el único satélite natural de la Tierra y probablemente sea el compañero más cercano que tenemos en la inmensidad del Universo. Sin embargo, y después de siglos de hipótesis, seguimos sin saber cómo se formó. Tendría gracia que la primera explosión nuclear del hombre
tuviera la clave
.
O quizás no. Hubo un tiempo en el que la conexión entre la Luna y la energía nuclear estuvo a punto de explotar en el sentido literal de la palabra. Se llamaba
Proyecto A119
y llegó a tener un borrador. Estados Unidos pensaba detonar una bomba nuclear con el único y bochornoso propósito de elevar la moral del pueblo en el contexto de la Guerra Fría.
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Lo cierto es que aquello no pasó de una idea macabra, pero las pruebas nucleares que llevamos a cabo en nuestro propio planeta sí que podrían arrojar algo de luz sobre el nacimiento del satélite. En la búsqueda de evidencias empíricas que pudieran aclarar sin un atisbo de duda cómo ocurrió, los investigadores
acaban de dar
con algo completamente inesperado: las condiciones creadas por la primera detonación de una bomba nuclear son notablemente similares a la química violenta que formó nuestra Luna.
La teoría del planeta Theia
Teoría de la gran explosión. Wikimedia Commons
Durante décadas la
principal hipótesis
para la formación de la Luna era que nuestro satélite fue el resultado de una colisión catastrófica entre la Tierra y un hipotético planeta del tamaño de Marte denominado
Theia
. Se trata de un escenario sobre el que muchos científicos podrían estar de acuerdo. El problema es que no hay manera de contrastarlo y por tanto sigue siendo una hipótesis.
Con
Theia
surgía un problema. Se cree que dicho planeta se habría estrellado con la Tierra y que como resultado las piezas diminutas resultantes del mismo formaron la Luna. Ocurre que jamás hemos encontrado una evidencia clara de la existencia de Theia. Sin embargo, si tuviéramos una pequeña prueba de que aquella explosión se dio, ya sería un gran comienzo.
¿Cómo averiguarlo? Los científicos llevan décadas intentando encontrar evidencias de los productos químicos orgánicos con puntos de ebullición muy bajos que se habrían evaporado de la Luna temprana como resultado de la colisión. Esta suposición se basa en el hecho de que las rocas lunares tienen un nivel muy bajo de agua o zinc, mientras que en la Tierra tenemos en abundancia.
Y es aquí cuando surgía la pregunta sin respuesta: ¿cómo demonios podemos emular una explosión lo suficiente poderosa como para demostrarlo?
La respuesta la teníamos en “casa”, o al menos ese es el punto de partido
del estudio
realizado por
Scripps Institution of Oceanography
de la Universidad de California. Según el mismo, tenemos un vaso radioactivo de décadas de antigüedad cubriendo el suelo del planeta. Ocurrió después de la primera prueba nuclear y podría servir para, por fin, lanzar una teoría que ligue con
Theia
sobre la formación de la Luna hace 4.500 millones de años.
Trinity
podría tener la llave de la Luna temprana
Trasladando Trinity en Nuevo Mexico. Wikimedia Commons
En el estudio presentado estos días por el profesor James Day y su equipo afirman haber examinado la composición química del zinc y otros elementos volátiles contenidos en
trinitite
, material radioactivo formado bajo las extremas temperaturas que resultaron de la explosión de la bomba de plutonio de 1945:
Trinity
.
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Trinity
en Nuevo México. Cuando se comparó con muestras recogidas más lejos, el vidrio más cercano al sitio de detonación se agotó en elementos volátiles tales como el zinc. El zinc que estaba presente se enriqueció de los isótopos más pesados y menos reactivos, que vienen a ser formas de estos elementos con diferente masa atómica, aunque con las mismas propiedades químicas.
Los investigadores cuentan que el zinc y otros elementos, todos capaces de evaporarse en altas temperaturas, se habían “secado” cerca de la explosión en comparación con los más alejados. Según explica Day:
Los resultados muestran que la evaporación a altas temperaturas, similar a la que se produce al comienzo de la formación del planeta, conduce a la pérdida de elementos volátiles y al enriquecimiento en isótopos pesados sobre los materiales del evento. Esta ha sido la sabiduría convencional, pero ahora tenemos evidencia experimental para demostrarlo.
El estudio de Day proporciona nuevas pruebas para apoyar la “
teoría del gran impacto
”, nunca antes se había llegado tan lejos sobre la hipótesis de la gran colisión. Un estudio que verifica que los elementos volátiles experimentan las mismas reacciones químicas durante eventos extremos tanto en la temperatura como en la presión, y sobre todo, tanto en la Tierra como en el espacio.
Queda mucho aún, entre otras cosas una prueba de la existencia de
Theia
, pero parece que esa colisión existió. Quien lo iba a decir, Trinity podría ser la llave que nos diga de una vez por todas cómo nació nuestra Luna. [
Science Advances
vía
Phys
]
Un nuevo estudio asegura que la
Luna
no se formó después de la colisión de un gigantesco planeta con la Tierra sino gracias a múltiples colisiones de asteroides y meteoritos. Los investigadores aseguran que por esto es tan difícil encontrar en la Luna rastros químicos del famoso planeta
Tea
.
Los últimos tres meses de 2016 nos van a regalar varias superlunas, pero la cita más interesante tendrá lugar el próximo día 14 de noviembre. Al fin y al cabo, será la superluna más grande de los últimos 68 años y no se volverá a ver una igual hasta el 25 de noviembre... de 2034.
Por supuesto. Esto no quiere decir que vayas a ver la luna llenando todo el cielo nocturno, pero si tu cámara cuenta con un buen zoom y tienes suerte es posible que te hagas con unas fotos realmente buenas. Si quieres aprender algunos trucos, te recomendamos que leas
esto
.
Lo que vas a ver parecen las cinemáticas de un videojuego noventero o el CGI primitivo de una película de bajo presupuesto, pero son imágenes reales captadas desde la superficie de la Luna por una nave japonesa.
La sonda
SELENE
, también conocida como Kaguya, orbitó la Luna entre 2007 y 2009 para realizar un completo análisis científico del satélite. A medida que recogía nuevos datos, Kaguya tomaba las primeras imágenes en alta definición de nuestra luna con su pareja de sensores de 2,2 Mpx. La Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial ha publicado esta semana un compendio de todo ese material capturado durante la misión.
En este clip de octubre de 2008 podemos ver a la Tierra poniéndose en el horizonte. Su silueta apenas es visible por el ángulo en el que incide el Sol:
En este otro vídeo de noviembre de 2007 podemos ver una salida de la Tierra en el horizonte, brillante y arqueada como una luna creciente:
Si prestas mucha, muchísima atención, también puedes ver un puntito blanco dentro del reflejo de color amarillo, entre el minuto 0:20 y el minuto 0:26. Ese pequeño puntito blanco es Venus.
La carrera por visitar la Luna está llena de episodios bastante singulares. Tenemos
bocadillos
de contrabando,
banderas blancas
,
sonidos
extraños, y
souvenirs
sustraídos. Además, nuestro satélite tiene el honor de estar adornado con varias obras de arte que llegaron allí sin permiso de la NASA. Entre ellas se cuenta un pene dibujado por Andy Warhol.
Las obras de arte están litografiadas sobre un diminuto fragmento de cerámica de solo 1,9 cm × 1,3 cm que en este momento adorna la pata del módulo de aterrizaje
Intrepid
en el que llegó la misión Apollo 12. Para entender qué diablos hace esa pieza allí tenemos que remontarnos a 1969 y al escultor estadounidense Forrest “Frosty”Myers.
Forrest Myers (centro), en los años 70 en Nueva York. Foto: Anton Perich
A Myers se le ocurrió que podía ser buena idea crear un pequeño museo en la Luna con varias obras creadas por artistas muy conocidos de la época. Entusiasmado con la ocurrencia, se puso en contacto con la NASA para poner en marcha su plan. Como la agencia no contestó, Myers tomo la falta de respuesta como una aprobación tácita y decidió poner en marcha la iniciativa igualmente.
Después de lograr que cinco artistas se prestaran a realizar un pequeño dibujo, el escultor se puso en contacto con una organización neoyorquina llamada
Experimentos en arte y Tecnología
(Experiments in Art and Technology o EAT).
Réplica de la placa oficial que adorna el módulo de alunizaje de la misión Apollo 12. Foto: Wikimedia Commons
La EAT tenía como objetivo poner en contacto a artistas e ingenieros para que realizaran conjuntamente nuevas propuestas artícticas. Allí es donde Myers conoció al ingeniero de Bell Aerospace
Fred Waldhauer
. Empleando una técnica no muy diferente de la que se utilizaba para grabar circuitos telefónicos, ambos realizaron alrededor de 20 copias de una pequeña placa de cerámica (en portada) destinada a ir en el módulo lunar.
Con la obra ya preparada, Myers insistió a la NASA, pero siguió sin obtener respuesta, así que Waldhauer se puso en contacto con un ingeniero que estaba trabajando en el módulo
Intrepid
y le pidió que insertara la placa en alguna parte.
El telegrama que recibió Waldhauer. Foto: PBS.
Dos días antes del lanzamiento de la misión Apolo 12, Waldhauer recibió un telegrama que decía: “
Estáis dentro. AOK. Todos los sistemas funcionando
”. Lo firmaba un tal John F.
Se cree
que el cómplice en la colocación de la placa es John F. Connolly, un ingeniero del proyecto Altair en el
Centro Espacial Johnson
, pero nunca se ha podido determinar si la firma era el nombre real o un simple pseudónimo.
El 24 de noviembre de 1969, el portahelicópteros USS Hornet rescataba el módulo del Apollo 12 del Océano Pacífico. La misión había sido un éxito. Dos días más tarde, Myers concedió una entrevista al
New York Times
en la que reveló su pequeña conspiración para poner las obras de seis artistas en la Luna. En la foto que ilustraba el reportaje se podía apreciar la pequeña placa con dibujos de
John Chamberlain
, del propio
Forrest Myers
, de
David Novros
,
Claes Oldenburg
, y de
Robert Rauschenberg
.
La foto, con el pulgar sujetando la placa de cerámica por una esquina, obviaba muy elegantemente la aportación del más famoso de los artistas implicados:
Andy Warhol
. La razón era que el dibujo que propuso el genio del Pop-Art parecía el crudo garabato de un pene.
Warhol siempre mantuvo la postura de que su aportación era una estilización de sus iniciales (AW) que podía malinterpretarse si se veía desde un ángulo incorrecto, pero su orientación en la placa deja poco lugar a la imaginación o a la interpretación. Teniendo en cuenta el peculiar humor del artista y su gusto por la transgresión, tampoco debería sorprender tanto que eligiera precisamente ese motivo. Desde entonces la ambigua firma de Warhol forma parte de un pequeño museo ubicado a 384.000 kilómetros de nuestro planeta.
Marte tiene dos lunas: Fobos y Deimos. Las cuatro lunas galileanas de Júpiter se llaman Ganímedes, Ío, Calisto y Europa. Saturno tiene a Mimas, Encélado, Tetis, Dione, Rea, Titán, Hiperión, Jápeto y Febe. Nosotros tenemo una luna y la llamamos... la Luna. ¿Por qué nuestro satélite no tiene nombre?
La respuesta correcta más bien es la contraria. Luna era, en origen, un nombre propio que se convirtió en una sustantivo genérico para referirse también a los satélites de otros planetas. Durante cientos de años de historia humana no hubo necesidad de buscar nombre a otras lunas sencillamente porque no se conocían. Los primeros satélites más allá del nuestro furon los que Galileo descubrió en Júpiter en 1610.
Según explica la NASA, cuando estos nuevos cuerpos aparecieron se decidió ponerles nombre propio para no confundirlos. Hoy en día se conocen tantos (Solo Júpiter tiene 67) que su denominación es un simple código. La razón por las que se les llama lunas, en genérico, es porque exhiben propiedades similares a las de nuestro propio satélite.
Etimológicamente, la palabra
luna
proviene directamente del latín y a su vez de la raíz indoeuropea leuksna que proviene del griego leukós (blanco brillante). Luna significa literalmente la luminosa, la que ilumina. Los antiguos griegos, sin embargo, la conocían como la diosa Selene. Por su parte, la palabra inglesa Moon tiene origen protogermánico. En inglés ántiguo era mōna y proviene de los términos holendés Maan y alemán Mond. [vía
Livescience
]